La impresentable planificación urbanística de La Marina Baixa con la población en descenso

La discusión de qué fue primero, si el huevo y la gallina, puede llevar a cualquier pregunta de semejante jaez. Por ejemplo, para el caso del desarrollo urbanístico, ¿qué debe llegar antes, la demanda de suelo y vivienda o su oferta a borbotones? Las consideraciones que se hagan tienen un evidente cariz económico, pero atesoran una carga mucho mayor de rentabilidad social porque la ordenación del territorio afecta directamente al entorno de todos los ciudadanos, es decir, a su día a día.

Sin embargo, con la población de La Marina Baixa en descenso, con miles de viviendas vacías esparcidas por su territorio y con centenares de miles de metros de suelo urbanizado y planes parciales completos donde todavía no se ha puesto un ladrillo, seis municipios de la comarca están revisando su Plan General sin una mínima planificación territorial de conjunto, lo que todavía es más grave si se tiene en cuanta que tres de estas localidades son vecinas: Altea, L’Alfàs del Pi y La Nucia. Y a mayor abundamiento, las dos primeras comparten equipo redactor de su nuevo PGOU. Las otras tres, Finestrat, Relleu y Orxeta ni siquiera suman 10.000 habitantes entre todas, sus cascos urbanos están en el interior, pero siguen pensando que ver el mar a 10 kilómetros de distancia o la lámina de agua de un pantano casi seco desde un adosado puede arrastar a miles de personas a estas localidades, aunque nadie sabe muy bien con qué objetivo.

La población de la comarca ha pasado de los 193.165 habitantes de 2010 a los 198.040 con que cerró 2013. Es decir, en cuatro años ya solo había crecido un 2,5% frente al 45% de incremento de la década anterior entre 2000 y 2009. En este último porcentaje -y en el pensamiento definitivamente instalado entre la ciudadanía de que el crecimiento es necesario- radica uno de los ejes en los que se ha basado el expansionismo urbanístico que ha provocado heridas paisajísticas tan profundas que serán difícilmente sanables. Es más, la Estrategia Territorial de la Comunidad Valenciana (ETCV) que la Generalitat presentó en 2009 para el periodo 2010-2030 marca un crecimiento poblacional para la Marina Baixa del 1,6% anual acumulado, que ya no se cumplía.

A mayor abundamiento, la realidad ha sido justo la contraria y con el año finalizado, la comarca habrá perdido a lo largo de 2014 ni más ni menos que 7.612 habitantes, lo que supone más de un 4% de su población con respecto al año 2013, según los datos que recoge el Instituto Nacional de Estadística. En otras palabras, la población de La Marina Baixa ha descendido a niveles de 2008 y las previsiones de la ETCV han saltado por los aires.

Es evidente que la autonomía municipal ha derivado en una especie de autismo político que ha llevado a muchos políticos locales a vestir unas orejeras que no les han dejado tener la necesaria visión periférica. Las competencias urbanísticas son locales y eso, que ya de por si es cuestionable, ha provocado daños colaterales ahora muy de moda: la famosa corrupción. Bastaría con repasar los nombres, los conocimientos y la capacidad de algunos concejales de Urbanismo que, ya sea arropados por su alcalde o directamente por su partido, emprendieron una enloquecida carrera por tener al menos su propio campo de golf y su macrourbanización para ricos. El último y mas flagrante caso ha sido Callosa d’En Sarrià con el PAI Anibits Margequivir. Allí, el PP, el PSPV y hasta Compromís sucumbieron a los influjos de un PAI imposible, anulado por segunda vez por el TSJ valenciano.

La impresentable planificación urbanística de La Marina Baixa con la población en descenso
La impresentable planificación urbanística de La Marina Baixa con la población en descenso

 

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