El “Trenet de la Marina” cumple cien años

Desde hoy, el “trenet de la Marina” es centenario. El 28 de octubre de 1914 se inauguró la línea de vía estrecha entre Alicante y Altea y menos de un año después, el 11 de julio de 1915, se prolongó hasta Dénia. A lo largo de estos cien años, la importancia de este ferrocarril ha sido gigantesca: facilitó el transporte económico de personas y mercancías, potenció el crecimiento urbano, agroindustrial y demográfico y contribuyó a la expansión de los puertos de Alicante, Altea y Dénia; durante los últimos lustros ha adquirido relevancia turística y siempre tuvo un peso indiscutible en el ideario sentimental de los habitantes de la Marina, para quienes durante generaciones el trenet fue su tren.

Ahora bien, la línea cumple un siglo de existencia acumulando también buenas dosis de frustración. Siempre quiso ser mucho más grande de lo que fue; pertenecer al eje mediterráneo, convertirse en un nudo de comunicaciones del corredor entre Alicante, Valencia, Barcelona y Francia. Formar parte de Europa. No lo logró. Y aún sigue persiguiendo ese sueño, anhelando ahora integrarse en el denominado Tren de la Costa de alta velocidad, para el que hay muchas promesas, poco presupuesto y demasiadas incertidumbres. Hoy por hoy la única realidad es que el trenet sigue sin ser competitivo para una economía moderna: sus prestaciones actuales en tiempo y velocidad de circulación son casi similares a las de 1914.

El “Trenet de la Marina” cumple cien años
El “Trenet de la Marina” cumple cien años

La página web del TRAM (el sistema metropolitano de Alicante en el que está incluido el trenet desde 1999) informa al viajero de que cubrir el trayecto entre Dénia y Alicante, una distancia de poco más de 90 kilómetros, cuesta la friolera de 177 minutos. Entre Dénia y Benidorm, los convoys circulan a una velocidad de 42 kilómetros a la hora; y entre Benidorm, donde hay transbordo porque se pasa de la Línea 9 a la 1, y la capital alicantina, a 48 km/h. Todo eso a pesar del innegable proceso de modernización de la dotación, que ha convertido a la provincia en la quinta área metropolitana de España que combina tranvías con trenes de última generación. Pero no es suficiente: las comarcas de la Marina y su atronador peso turístico lo que quieren -y lo que han deseado en estas últimas diez décadas- es un ferrocarril de verdad.

El trenet sacó a la Marina de su aislamiento histórico. Durante gran parte del siglo XIX, las dos comarcas ni siquiera habían contado con carreteras importantes. La primera unión entre Alicante y Altea era un pírrico camino vecinal inaugurado en una fecha tan tardía como 1869; la Marina Alta, descolgada de la capital provincial, siempre miró hacia Valencia.

Tales carencias no fueron resueltas hasta 1889, con la construcción de la carretera Alicante-Silla, y hasta 1915, cuando comenzó a funcionar el trenet, que tuvo la ventaja de integrarse en una red intercomarcal ferroviaria de 350 kilómetros con conexiones mediante diversos transbordos a Gandia y Valencia (previo cambio de tren en Dénia), Alcoy, Villena, Xàtiva, Jumilla o Yecla. De esa red secundaria, hoy sólo queda el trenet.

El “Trenet de la Marina” cumple cien años
El “Trenet de la Marina” cumple cien años

Éste supuso un espaldarazo para el tráfico de mercancías en la costa alicantina, que funcionó muy bien en la década de 1920 e impulsó la economía agroindustrial. En la Marina Alta, si bien la filoxera había arruinado el antes próspero negocio de la pansa, el tren facilitó la exportación de productos de regadío y benefició al puerto de Dénia; en la Marina Baixa, permitió la construcción del puerto de Altea con un ramal hasta las canteras de donde a partir de 1935 se extraía la piedra.

La oportunidad de poder transportar mercancías incentivó otros recursos: en la Marina Baixa, aceleró el canal de l’Algar para los regantes de Altea, l’Alfàs y Benidorm y el pantano de Relleu, para los de la Vila; y en la Alta, el fallido pantano de Isbert. Entre 1916 y 1964, el trenet transportó una media anual de 35.223 toneladas, y su vida como agitador de la industria se prolongó hasta muy tarde. En Dénia, la controvertida empresa Cementos del Mediterráneo aún tuvo entre 1955 y 1971 un ramal que conectaba sus instalaciones con la línea.

Y aún así, desde su inicio las prestaciones del tren eran escasas. En 1928, su director volvió a pedir la vía ancha; y en 1932, el diario El Liberal hizo campaña por lo mismo, «para que la unión entre Alicante y Dénia fuera normal». No se logró, claro. Tampoco se hicieron algunos ramales para llevar las traviesas a otras poblaciones, caso de Xàbia o Pego.

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En la década de los treinta «los recorridos eran lentos e incómodos» y la empresa se descapitalizaba con un bajón del transporte de mercancías agravado, como es lógico, por la Guerra Civil. A partir de este periodo, el trenet combinó una biografía decayente con algunos atisbos de esperanza: así, en la posguerra, la falta de combustibles para circular por carretera provocó en el ferrocarril un repunte transitorio de viajeros y en los cincuenta se introdujeron mejoras técnicas en los convoyes.

Pero todo eso no pudo atajar el déficit de la Compañía de Ferrocarriles y Estratégicos, que dejó de existir en 1964: la línea pasó entonces a manos del Estado, a Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha (FEVE). Con un gran logro: los trenes podían continuar ya sin necesidad de ningún transbordo por la línea Dénia-Gandia-Carcaixent, desde donde enlazar a Valencia. Algo así como el Tren de la Costa que ahora se proyecta, aunque fuera de vía estrecha. Se creó un omnibus entre Carcaixent y Alicante y Dénia clausuró su estación del sur para operar sólo con la del norte. Pero fue un espejismo efímero: en 1974 se cerraba la línea Dénia-Carcaixent. Otro golpe. El trenet se quedaba descolgado de nuevo de la red estatal.

Durante esos años, la cifra de viajeros se estancó debido a la dura competencia de la carretera y de la autopista. No obstante, la línea encontró un aliado en el turismo, sobre todo por Benidorm: sobre 1982 el 80% de los usuarios procedían de ese municipio.

De la alarma de cierre a la modernización

En 1986, el trenet pasaba a propiedad autonómica, integrándose en Ferrocarriles de la Generalitat Valenciana (FGV), que en 1999 activó el TRAM, un sistema de tranvía metropolitano que ha beneficiado mucho a l’Alacantí, un poco menos a la Vila y Benidorm (hasta donde ha llegado la electrificación de la línea) y bastante menos al norte de la Marina Baixa y a toda la Alta. Sobre 2012, y en plena crisis del Consell, volvió a saltar la alarma cuando los sindicatos advirtieron de que la línea 9 entre Benidorm y Dénia podría cerrarse.

Las críticas hicieron recular a FGV, que a cuenta gotas ha prometido electrificar la línea 9 y ha licitado con ese empeño algunos tramos entre Benidorm y Altea (el último, ayer mismo, 6 kilómetros).

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